Por Pablo Menéndez.- A veces tiramos datos que no sirven y buscamos culpas afuera, como si siempre fuera responsabilidad del otro. En nuestras vidas atravesamos distintas circunstancias que nos obligan a reflexionar, especialmente cuando la acción de alguien más nos interpela. Esto vale para cualquier vínculo.
Pero también es necesario decirlo: la culpa no siempre es del otro. Esa suele ser la salida más fácil o más cómoda. Sin embargo, como diría Ortega y Gasset, la gran ventaja del ser humano sobre la vida animal es la capacidad de ensimismarse: detenerse, mirarse hacia adentro y analizar la propia acción, entendiendo cómo repercute en los demás.
Lograr esa revisión interna nos permite comprender que no siempre la responsabilidad es ajena; muchas veces uno mismo se equivoca, toma decisiones que impactan y tiene su parte en lo que ocurre en su vida. Y quizá ahí esté el punto clave: crecer es animarse a revisarse, asumir lo propio y reconocer que no todo se resuelve señalando a otro.
“El hombre es el único ser que no está hecho, sino que tiene que rehacerse constantemente.” — Ortega y Gasset


