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Desde Arrecifes a Miramar: el viaje de un padre que convirtió el esfuerzo en promesa


Desde Arrecifes a Miramar: el viaje de un padre que convirtió el esfuerzo en promesa

A los 74 años, Adolfo Bernardes cargó su bicicleta con un hornito de alcohol, provisiones mínimas, una carpa y algo mucho más pesado: la necesidad de agradecer que su hija Cecilia siguiera viva.

No fue una promesa hecha a Dios ni una súplica religiosa. No hubo santos, altares ni rezos. Fue algo más silencioso y profundamente físico. Un pacto íntimo con la vida, sellado en el cuerpo. Si Cecilia sobrevivía al cáncer de colon, él iba a devolver esa suerte con esfuerzo. Con cansancio. Con soledad. Con tiempo.

Así, Adolfo —“Fito” para todos— salió solo en bicicleta desde Arrecifes hasta Miramar. Sin hoteles. Sin restaurantes. Con autonomía total. Catorce días pedaleando como forma de agradecimiento.

“Yo no soy creyente, pero cuando el médico salió del quirófano y dijo que la operación había salido bien, sentí que eso había que devolverlo. No con palabras ni promesas que después no se cumplen. Con algo mío, con un esfuerzo real”, explicó en diálogo con TN.

Una herencia que vuelve

La historia no empieza con la bicicleta. Empieza cuarenta años antes, con la muerte del padre de Fito por cáncer de colon. Esa pérdida dejó una marca concreta: controles, colonoscopías y la certeza de que hay herencias que no son materiales.

Por eso, cuando Cecilia cumplió 40 años, el estudio fue casi automático. Un control de rutina. Un viaje a Buenos Aires. Nada hacía prever lo que vendría después. “El médico salió pálido y me dijo que no podía pasar, que había un tumor muy importante. Yo casi me muero ahí mismo. Se lo dijo de frente a Cecilia. Fue una tragedia total”, recordó Fito.

Ella, sin embargo, había llegado a ese estudio empujada también por otras señales. “Había muerto el hermano de una de mis mejores amigas, con 34 años, de cáncer de colon. Yo siempre fui muy obsesiva con los chequeos. Creo que eso, inconscientemente, me empujó”, contó.

Durante años había tenido síntomas mínimos, fáciles de ignorar. Nada que, según los manuales, justificara una colonoscopía a los 40. “El médico no quería darme la orden. Me decía que no tenía síntomas ni herencia directa. Yo insistí. Le dije: me la quiero hacer igual”.

La necesidad de hacer algo

El estudio estaba programado para octubre de 2023. El resultado llegó rápido. El golpe también. Mientras Cecilia entraba al quirófano, Fito revivía una escena conocida. “Mi viejo entró a una operación que iba a durar dos horas y media y a los 15 minutos el médico salió para decir que no había nada que hacer. Yo tenía terror de que pasara lo mismo con mi hija”.

Caminó durante horas por los pasillos del Hospital Italiano hasta que el cirujano apareció y confirmó que todo había salido bien. El tumor estaba encapsulado.

El médico le explicó que los cinco años siguientes serían clave: los dos primeros, los más riesgosos; el tercero, una transición; los últimos dos, la puerta de salida definitiva. Fito sintió alivio, pero también otra cosa: la necesidad de hacer algo con eso.

Una promesa sin religión

La idea fue clara: viajar en bicicleta hasta Miramar, la ciudad de los veranos familiares, donde Cecilia pasó su infancia y adolescencia. Un lugar que los unía. “No fue una promesa religiosa. Fue personal. Me voy a ir en bicicleta, con carpa, sin hoteles, sin restaurantes. Hasta Miramar”.

Pasaron dos años. Mientras Cecilia atravesaba controles, quimioterapia preventiva y estudios que daban bien, Fito se preparaba. Sin apuro. Sin dudas.

Para su hija, la idea era una locura. “No voy a mentir: fue angustiante. Le advertimos sobre cuidados y riesgos. Pero él siempre fue activo, está en forma y es muy decidido. No quedaba otra: lo dejamos ir”.

Acampar y sobrevivir

El viaje fue de 615 kilómetros. La bicicleta iba cargada al límite. “Avanzaba a 12, 13, 15 kilómetros por hora. Llegás destruido. Y a cierta hora tenés que parar donde sea”.

Acampó en estaciones de servicio, campings, campos y bosques. Ocho noches fueron a cielo abierto. Aprendió a comer sin mesa, dormir en el piso y bañarse poco. “Me bañé cinco veces en catorce días. El resto, toallitas húmedas. Son mágicas”, dijo entre risas.

Cocinaba con un hornito de alcohol. “Salchichas, alguna carne, muchísima lata, jardinera, paté. Lo que hubiera”.

Elegía caminos secundarios y evitaba rutas pesadas. A las cuatro de la tarde ya buscaba dónde dormir. Se levantaba a las cuatro de la mañana y tardaba horas en desarmar todo. “Eso era más agotador que pedalear”.

A los 74 años, el cuerpo habla. “No me siento más joven. Me siento de la edad que tengo. Pedaleaba 50 kilómetros por día y cada jornada era un desafío”.

Sabía que, ante cualquier problema, alguno de sus hijos podía ir a buscarlo. Pero algo —que él mismo no sabe explicar— le dijo que debía llegar.

“No hablo de milagros. Hablo de suerte, de estadísticas y de energía. Si existe algo de eso, el destino habrá visto que yo aporté lo mío”.

Cumplir… y la sorpresa

El plan era simple: llegar a Miramar, sacarse una foto en el cartel de la ciudad, descansar tres días en un camping y volver en auto. Pero su familia tenía otro plan.

“Dos días antes le pedimos la ubicación por WhatsApp. Con la excusa de saber si había llegado. En realidad, le preparamos una sorpresa”, contó Cecilia.

Fito entró a Miramar por la costanera, cansado y feliz. “De golpe levanté la cabeza y vi a Cecilia, a Francisco y a mis dos nietas aplaudiendo, con carteles. Me largué a llorar. No lo podía creer”.

Todo quedó grabado en un video que se volvió viral y que, sobre todo, quedó para siempre en la memoria de la familia.

Ilusión y compromiso

Hoy Cecilia tiene 42 años. Los controles dan bien. “El pronóstico es impecable. Corro maratones, disfruto la vida. Pero hay que pasar los cinco años”, dice.

Fito ya cumplió. “Yo necesitaba estar bien conmigo. Cumplir la promesa. Ojalá esto sea un empujón para no volver a pasar por algo así”.

Catorce días. Una bicicleta. Un padre agradeciendo que su hija siga viva. Y un único lenguaje elegido: el del cuerpo cansado avanzando kilómetro a kilómetro.

Fuente: TN

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