Por Pablo Menéndez.- Tenía 14 años. Y hay noches que no se van nunca. Independiente había empatado 1 a 1 en Avellaneda frente a un gran Talleres de Córdoba. Pero el reglamento no perdonaba: el gol de visitante valía doble. Así que la revancha era una final anticipada. El Rojo estaba obligado a hacer un gol en Córdoba.
Todo jugaba en contra. El estadio, la gente, los medios. Y hasta un oscuro gobernador de la época, usando todo su poder para empujar al equipo de su provincia hacia el título.
Pero enfrente estaba Independiente, el Rey de Copas. En el banco, el Pato Pastoriza. Y en la cancha, Bochini, que por esas vueltas del destino jugaba la final el día de su cumpleaños.
Miramar, mi lugar de siempre. Noche de verano, viva, espesa. Las ventanas abiertas. El mar cerca, aunque no se viera.
Corte de luz. La escena quedó clavada para siempre: la cocina, la mesa de formica blanca, la radio Tonomac, y mi viejo sentado en la punta, escuchando en silencio.
Mi papá era hincha de Boca. Pero siempre me acompañó a escuchar a ese Independiente. Decía, medio en broma, medio en serio:
— “Pablo me salió inteligente, es hincha de Independiente”.
Arranca el partido. Independiente se pone en ventaja. Primer objetivo cumplido.
Después vino el despojo. Empate de Talleres con un penal dudoso. Y más tarde, la mano escandalosa de Bocanelli. 2 a 1.
Lo imposible parecía cerrado.
Echan a tres jugadores del Rojo. Bochini habla de irse de la cancha. Quedan ocho.
Y entonces el Pastoriza los junta y suelta una frase que quedó tatuada en la historia:
— “Vayan, sean hombres y ganen”.
Entra Biondi. Y cuando faltaban ocho minutos, pasa el milagro.
Triple pared: Biondi, Bertoni, Bochini. La pelota vuelve al Bocha. Gol. 2 a 2.
Muñoz relatando por Radio Rivadavia. Mis nervios al límite. Mi grito saliendo por el pasillo de casa, rompiendo la noche de Miramar.
Campeones.
Este recuerdo es agradecido. Al Rojo, por una hazaña imposible. Y a mi viejo, ahí, en la punta de la mesa, junto a la Tonomac, entendiendo algo simple y enorme: la alegría de un hijo está por encima de cualquier camiseta.



