La Cámara de Apelaciones de Mar del Plata resolvió rechazar el pedido de morigeración de la pena para Verónica González, condenada a prisión perpetua por el asesinato de su esposo, Carlos Bustamante, ocurrido en 2019 en Miramar. De este modo, la Justicia confirmó que la mujer deberá continuar detenida bajo un régimen cerrado, al considerar vigente el riesgo de fuga.
El fallo fue firmado por los jueces Marcelo Augusto Madina, Adrián Angulo y Juan Pablo Lódola, quienes desestimaron el recurso presentado por la defensa oficial que solicitaba la inclusión de la condenada en el programa de “Casas por Cárceles”. Entre los argumentos, los camaristas señalaron que la gravedad de la pena —prisión perpetua— y la existencia de “doble conformidad judicial” justifican mantener las actuales condiciones de detención.
En ese sentido, recordaron que la sentencia ya fue confirmada por el Tribunal de Casación bonaerense, lo que refuerza, según el tribunal, un “peligro de evasión objetivo” que podría frustrar la ejecución de la pena en caso de otorgarse un beneficio.
La defensa había planteado que la permanencia en una unidad penitenciaria resultaba desproporcionada, teniendo en cuenta que González lleva detenida de manera ininterrumpida casi siete años (seis años, once meses y 29 días). Además, había cuestionado presuntas deficiencias en la atención médica y psiquiátrica dentro del Servicio Penitenciario Bonaerense.
Sin embargo, la Sala II de la Cámara concluyó que existe un seguimiento médico activo y descartó la existencia de “agravamientos ilegítimos” en las condiciones de detención. Incluso, se mencionaron informes que indican que la propia interna habría desistido de tomar la medicación prescripta.
Por otra parte, los jueces subrayaron que la condenada aún no cumple con los plazos necesarios para acceder a regímenes de mayor flexibilidad o beneficios de libertad anticipada, por lo que el pedido basado en la doctrina del fallo “Verbitsky” también fue rechazado.
El hecho por el cual fue condenada ocurrió en una vivienda ubicada en calle 27 entre 46 y 48, donde —según se probó en el juicio— González atacó a golpes a su esposo mientras dormía y continuó la agresión en otro sector de la casa. Las graves lesiones provocaron la muerte de Bustamante al día siguiente en el Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA).
El caso generó una fuerte repercusión pública, no solo por la brutalidad del crimen, sino también por un antecedente que marcó a la familia: en ese mismo domicilio, en 2011, fue asesinado Gastón Bustamante, el hijo de 12 años del matrimonio, un hecho que hasta el día de hoy permanece impune.



