Por Pablo Menéndez.- Estamos transitando la mitad de junio y, una vez más, el calendario nos recuerda lo rápido que pasa el tiempo. Pero mientras los días avanzan, también se acortan los plazos para empezar a definir cuestiones que serán fundamentales para Miramar de cara a la pretemporada y la temporada 2026-2027.
No es ningún secreto que el último verano dejó más interrogantes que certezas. El turismo atraviesa un momento complejo en gran parte del país. Algunos atribuyen esta situación al contexto económico general, y es difícil no coincidir. La realidad muestra que muchos argentinos tienen cada vez más dificultades para destinar recursos a unas vacaciones, mientras que quienes cuentan con mayor capacidad económica encuentran en el exterior opciones más accesibles debido a la relación cambiaria actual.
Los números del turismo interno reflejan esta realidad y Miramar no escapa a esa tendencia. Sin embargo, sería un error analizar la situación únicamente desde factores externos. También es momento de mirar hacia adentro y preguntarnos qué estamos haciendo como comunidad para generar condiciones favorables para quienes apuestan e invierten en nuestra ciudad.
Desde hace años sostengo una convicción: el desarrollo de una ciudad requiere que el sector público y el privado trabajen en conjunto. El Estado debe generar reglas claras, previsibilidad y herramientas que otorguen confianza. Los privados, por su parte, son quienes arriesgan capital, generan empleo, mejoran servicios y contribuyen al crecimiento económico local.
Hoy, lamentablemente, existe cierta incertidumbre entre muchos de los actores vinculados al turismo. La preocupación no pasa solamente por cómo será la próxima temporada, sino también por la falta de definiciones sobre aspectos que resultan centrales para planificar inversiones.
Uno de los ejemplos más claros es el frente costero. A esta altura del año todavía persisten dudas sobre proyectos, autorizaciones y lineamientos que impactan directamente en quienes administran o pretenden invertir en unidades fiscales. Algunos emprendimientos lograron avanzar; otros continúan demorados por cuestiones burocráticas o por la ausencia de información concreta sobre los pasos a seguir.
Y el tiempo, en estos casos, es un recurso valioso. Cada semana que se pierde es una semana menos para remodelar, reciclar, incorporar servicios o preparar instalaciones pensando en el verano. La previsibilidad no es un privilegio para el inversor; es una necesidad para cualquier ciudad que pretenda crecer.
También es justo señalar que la reciente renovación en áreas estratégicas de la administración municipal puede generar procesos de adaptación. Quienes llegan desde otras realidades deben familiarizarse con las particularidades de Miramar y del distrito de General Alvarado. No se trata de cuestionar capacidades ni intenciones, sino de reconocer que cada comunidad tiene su propia dinámica, su historia y sus códigos.
Por eso siempre he sostenido que los cargos de mayor responsabilidad deben estar profundamente vinculados con la realidad local, ya sea por origen o por años de arraigo. Conocer una ciudad no significa solamente recorrer sus calles; implica entender a su gente, sus necesidades, sus tiempos y su forma de relacionarse.
Miramar tiene una característica que muchas grandes ciudades han perdido: aquí todavía nos conocemos. Sabemos quién es quién. Nos cruzamos en la calle, compartimos un café, conversamos en una institución o coincidimos en distintos ámbitos de la vida cotidiana. Ese capital social es uno de nuestros mayores valores y no deberíamos desaprovecharlo.
Por eso resulta fundamental escuchar a quienes invierten, a quienes generan empleo y a quienes apuestan por la ciudad, del mismo modo que debemos acompañar a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad. Una cosa no excluye a la otra. Al contrario: forman parte de una misma visión de comunidad.
Miramar necesita planificación, diálogo y certezas. El desafío no es solamente pensar en la próxima temporada, sino construir las condiciones para que quienes creen en esta ciudad sigan apostando por ella. Porque cuando una inversión se concreta, cuando una obra avanza o cuando un nuevo servicio abre sus puertas, el beneficio termina alcanzando a toda la comunidad.
Todavía estamos a tiempo. Pero el reloj sigue corriendo.




