Por Pablo Menéndez.- Esta semana, dos temas atravesaron la discusión política de General Alvarado. Uno ocurrió en el Concejo Deliberante. El otro llegó desde el Senado de la Nación. Y aunque parecen discusiones diferentes, para este cronista hay algo que las une: las consecuencias que tienen las posiciones políticas cuando se votan.
En el Concejo se aprobó nuevamente el adelanto transitorio solicitado por el Ejecutivo para contar con respaldo financiero para afrontar el pago de los salarios de los trabajadores municipales. La votación terminó 11 a 5.
Hubo concejales que acompañaron aun manteniendo una mirada crítica sobre la administración municipal. Y hubo quienes votaron en contra. Esto último también es legítimo.
Un concejal tiene derecho a votar en contra de una herramienta solicitada por el Ejecutivo. Pero también tiene una responsabilidad: hacerse cargo de las consecuencias de su voto y explicar por qué toma esa posición.
Porque acá no se está votando si se le facilita o no la vida al intendente. Se está dando —o no— una herramienta para que el Municipio pueda afrontar una obligación concreta: pagar los salarios de sus trabajadores.
Y para este cronista hay una diferencia enorme. Una cosa es discutir la administración municipal. Otra es discutir el salario del trabajador. Una cosa es cuestionar cómo se manejaron las cuentas. Otra es poner en riesgo una herramienta que permite darle previsibilidad al trabajador sobre cuándo va a cobrar.
Y esto no lo digo solamente yo.
El propio Municipio informó que la masa salarial municipal de junio rondó los $1.445 millones, mientras que el adelanto transitorio utilizado alcanzó los $1.150 millones. Es decir: no estamos hablando de una discusión teórica. Estamos hablando de números y de salarios.
La Libertad Avanza
Sobre la posición de los concejales de La Libertad Avanza tengo una consideración diferente. Ellos tienen un mandato político que nunca escondieron. Llegaron con el voto de vecinos que eligieron esas ideas y, desde el primer día, plantearon que iban a defender en el ámbito local las banderas del Gobierno de Javier Milei.
Podemos compartirlas o no. Pero, por lo menos, sabemos desde dónde están parados. Es una posición política definida. Lo que a mí me genera más preguntas es cuando vemos dirigentes que parecen acercarse a ese mismo esquema sin haber llegado necesariamente al Concejo con esas mismas banderas.
Y ahí aparece la otra discusión de esta semana.
Zona Fría
El Senado de la Nación convirtió en ley la reforma del régimen de Zona Fría. Fueron 38 votos a favor y 8 en contra. General Alvarado quedó entre los 94 municipios bonaerenses que pierden el beneficio general.
Y acá sí quiero poner nombres y posiciones sobre la mesa. Porque no estamos hablando de personas en su vida privada.Estamos hablando de dirigentes y de funcionarios en el ejercicio de responsabilidades públicas.
Joaquín Sánchez Charró, exconcejal de General Alvarado y actualmente funcionario nacional, defendió públicamente la posición del Gobierno nacional respecto de la Zona Fría. Y en esa discusión apareció aquella referencia a las piletas climatizadas como ejemplo del supuesto beneficio que recibirían determinados usuarios. Pero hay una pregunta muy sencilla:
¿Cuántas familias de General Alvarado tienen una pileta climatizada?
Y otra bastante más importante: ¿Cuántas tienen que calefaccionar su casa? Porque el gas no solamente se utiliza para calefaccionar.
Está el horno. Está el calefón. Está el termotanque. Está el consumo cotidiano. Está la vida diaria.
Por eso reducir la discusión a quienes tienen una pileta climatizada es, por lo menos, una forma muy particular de mirar el problema. La reforma aprobada por el Senado alcanza a General Alvarado y a otros 93 municipios bonaerenses.
Y ahora habrá que esperar las facturas. Ahí estará la verdadera discusión.
La posición del PRO tampoco es nueva
Y acá aparece Viviana Farías. La concejal del PRO ya había expresado anteriormente una posición favorable a la modificación del régimen de Zona Fría. Su referencia política nacional es Patricia Bullrich, actual jefa del bloque oficialista en el Senado, que impulsó el tratamiento del proyecto en la Cámara alta.
Entonces tampoco debería sorprendernos que existan coincidencias. La política también es eso: construir una mirada y sostenerla. Lo que este cronista discute es otra cosa.
¿Qué pasa cuando una política pública que beneficia a miles de usuarios se presenta como si fuera un privilegio? ¿Qué pasa cuando se toma una situación excepcional y se la convierte en regla general? ¿Qué pasa cuando para justificar una decisión que afecta a todos se utiliza como argumento el caso de quien puede calefaccionares de determinada manera?
Este invierno lo vivimos todos. Y en General Alvarado sabemos perfectamente lo que significa el frío. Por eso hay algo que no me cierra.
Hacerse fuertes con los débiles. Porque siempre es más fácil ajustar sobre el que tiene menos margen. Sobre el que espera una factura. Sobre el que necesita cobrar el sueldo. Sobre el jubilado. Sobre el trabajador. Sobre el empleado público. Sobre el pequeño comerciante. Sobre el que todos los meses tiene que hacer cuentas.
Y ahí aparece una pregunta que, para mí, es la más importante de esta semana: ¿Qué modelo de General Alvarado estamos discutiendo?
Porque estas no son solamente decisiones de hoy. Son posiciones políticas. Y las posiciones políticas muestran también qué haría cada espacio si mañana tuviera la responsabilidad de gobernar.
Si hoy, desde la oposición o desde un cargo nacional, una determinada posición es quitar un beneficio o negar una herramienta vinculada al salario de los trabajadores, uno tiene derecho a preguntarse qué pasaría mañana si esas mismas personas tuvieran mayores responsabilidades de gobierno. No estoy hablando de personas. Estoy hablando de políticas. De decisiones. De consecuencias.
De eso se trata esta editorial. El cronista observa. Mira lo que pasó durante la semana. Mira quién votó. Mira quién acompañó. Mira quién rechazó. Mira qué se defendió. Y después escribe.
Porque al final, en política, las palabras pasan. Los votos quedan. Y las consecuencias también.




