Por Pablo Menéndez.- Hay decisiones que, por separado, pueden parecer asuntos distintos. Una modificación en las tarifas de gas, el recorte de un programa de medicamentos, la discusión del presupuesto nacional o dos actos políticos realizados por un mismo espacio en una fecha que debería convocar a la unidad. Pero cuando se ponen todas las piezas sobre la mesa, empieza a aparecer una fotografía bastante más preocupante.
La Argentina sigue acumulando problemas concretos mientras buena parte de su dirigencia parece atrapada en una discusión permanente por el poder.
La promulgación de la ley que modifica el régimen de Zona Fría marca un nuevo capítulo para miles de familias. En General Alvarado, más de 17.000 hogares podrían verse afectados por el impacto en sus facturas de gas. Algunos municipios ya buscaron caminos judiciales para frenar la aplicación de la medida, aunque todavía habrá que esperar para conocer sus resultados.
A esto se suma EDEA y sus facturaciones, un tema que venimos siguiendo, y ahora la situación del programa Remediar, cuya continuidad y alcance quedaron en el centro de la discusión por la reducción de los medicamentos disponibles. Durante más de dos décadas, esa política sanitaria permitió que los centros de atención primaria contaran con medicamentos esenciales para personas que muchas veces no tienen otra alternativa.
En distintos municipios, este programa permitió dar respuestas a sectores vulnerables. La reducción de los medicamentos disponibles plantea una pregunta inevitable: ¿quién se hará cargo de cubrir lo que ya no llegue? ¿Los municipios, las provincias o directamente las familias, que deberán buscar de su propio bolsillo aquello que antes podían obtener en un centro de salud?
Y todavía queda por delante la discusión del presupuesto nacional, especialmente en lo referido a las universidades y a las políticas destinadas a las personas con discapacidad.
Zona Fría, gas, medicamentos, universidades, discapacidad. No son números en una planilla ni capítulos aislados de una disputa parlamentaria. Son cuestiones que atraviesan la vida cotidiana de millones de personas.
Mientras tanto, las negociaciones políticas continúan. Las roscas en Diputados y en el Senado parecen tener una dinámica propia, alejada de las consecuencias que las decisiones terminan produciendo en el territorio.
Dale que va, total… y ahí vamos.
Lo preocupante es que una parte de la sociedad parece haber naturalizado esta sucesión de acontecimientos. Como si ya no hubiera demasiado para reclamar, como si cada nuevo retroceso fuera apenas una noticia más entre tantas otras. Desde El Recado venimos sosteniendo el tema de Zona Fría en nuestra portada y en nuestros editoriales porque entendemos que hay cuestiones que no pueden desaparecer de la agenda cuando dejan de ocupar los primeros minutos de la conversación pública.
El periodismo también tiene una responsabilidad: insistir cuando el problema continúa, aunque otros asuntos parezcan más atractivos o más convenientes.
El peronismo, entre la división y la falta de rumbo
Si la mirada se traslada a General Alvarado, el panorama político tampoco invita al entusiasmo.
El Día de la Lealtad volvió a mostrar las diferencias dentro del peronismo local. Por un lado, el Consejo del Partido Justicialista realizó su homenaje durante la mañana; por otro, el Movimiento Derecho al Futuro organizó su propio encuentro hacia la noche del sábado 17 de octubre. Dos convocatorias separadas en una fecha que históricamente simboliza pertenencia e identidad.
La división no es solamente una cuestión de fotografías, locales o cantidad de asistentes. El interrogante es qué expresa esa fragmentación y qué mensaje recibe la sociedad.
El peronismo atraviesa una encerrona. La dificultad no pasa únicamente por encontrar quién encabezará una futura lista, sino por recuperar la confianza de una ciudadanía que espera respuestas, propuestas y una dirección clara. La autocrítica no puede ser una palabra reservada para los discursos internos. Tiene que traducirse en una revisión sincera de los errores, de las prioridades y de la distancia que se ha ido construyendo entre la dirigencia y la gente.
En General Alvarado hay una particularidad: se trata de un espacio que gobierna el municipio y que viene de ganar elecciones. Sin embargo, eso no lo exime de la obligación de revisar su funcionamiento, abrir el juego y construir un horizonte que entusiasme. Ganar elecciones no significa tener resuelta para siempre la relación con la sociedad.
En medio de esa discusión trascendieron públicamente audios de una concejal del bloque justicialista, perteneciente al sector de Movimiento Derecho al Futuro, con expresiones críticas sobre las decisiones tomadas a dedo y la necesidad de avanzar hacia mecanismos de participación. Sus planteos se inscriben en la discusión interna del peronismo y ponen sobre la mesa un problema que va más allá de una disputa circunstancial: quién decide, cómo se construyen los liderazgos y qué lugar tienen las bases.
La pregunta es si esas diferencias podrán convertirse en una discusión política capaz de producir cambios reales o si terminarán sumándose a una larga lista de desencuentros.
El peronismo tiene vocación de poder, pero todavía no parece haber encontrado la tecla que le permita volver a marcar la agenda. Mientras tanto, el oficialismo local debe administrar una realidad que exige respuestas y una oposición nacional que obliga a convivir con posiciones políticas que no siempre resultan sencillas de conciliar.
No aparece con claridad quién podrá conducir una reorganización del espacio ni cuál será la hoja de ruta para el año próximo. Y esa ausencia de rumbo termina golpeando también a quienes siguen sintiéndose parte del peronismo, pero no encuentran en sus dirigentes una representación que los convoque.
Viviana Farías y los movimientos del PRO
En otro sector del mapa político local, esta semana también hubo movimientos alrededor de Viviana Farías, actual concejal vinculada al PRO y al espacio de Patricia Bullrich.
A través de distintas apariciones en programas y medios locales, Farías volvió a instalarse en la conversación política y trascendió su intención de proyectarse nuevamente como candidata a intendenta. Todavía no está definido formalmente el espacio con el que buscaría competir ni cómo se organizaría una eventual construcción electoral.
Su trayectoria política es conocida. En 2009 formó parte de la experiencia de Unión PRO, encabezada por el ex corredor de Turismo Carretera Lalo Ramos, y posteriormente participó de otras construcciones políticas. En 2011 buscó una candidatura a intendenta en una interna vinculada al sector de Eduardo Duhalde. Más adelante se acercó al radicalismo y, tras las elecciones de 2023, terminó sosteniendo su banca mediante un unibloque, luego de su alejamiento del bloque radical.
Esos antecedentes forman parte de su recorrido y permiten entender por qué su eventual candidatura no aparece de la nada. También explican que, más allá de las etiquetas que puedan utilizarse en cada etapa, las trayectorias políticas merecen ser analizadas en su contexto.
Entre los nombres que trascendieron como posibles acompañantes aparecen Mariela Clementi, exconcejal con pasado socialista y participación en distintas experiencias políticas, y Mauro Spadari, quien también tuvo trayectoria en el Concejo Deliberante y antecedentes vinculados al radicalismo, luego pegó el salto al Sector de Juntos por Alvarado.
También se mencionó a un periodista local como posible integrante de una eventual lista de concejales. Por ahora, son versiones que deben mantenerse en ese terreno: no hay una nómina confirmada ni un armado formal que permita presentar esos nombres como decisiones tomadas.
En el caso de Spadari, además, queda abierta una pregunta sobre sus posibles afinidades políticas y su relación con el espacio de Joaquín Sánchez Charro. Su eventual participación en una construcción encabezada por Farías no puede darse por descontada.
Hay, además, una cuestión política que merece señalarse. Se habla permanentemente de renovación, de terminar con las viejas prácticas y de abrir una nueva etapa. Sin embargo, buena parte de los nombres que empiezan a circular tiene una trayectoria conocida en la política local.
Eso no significa que quienes ya participaron no puedan volver a hacerlo. La experiencia también tiene valor. Pero si la propuesta pretende presentarse como una renovación, deberá explicar qué cambia, qué ideas nuevas aporta y qué respuestas concretas ofrece para General Alvarado.
La discusión no pasa por descalificar personas. Pasa por analizar sus recorridos, sus decisiones y las propuestas que ponen sobre la mesa. Porque cambiar de sello o de alianza no equivale, por sí solo, a renovar la política.
Los votos que pueden pesar en la discusión que viene
En ese escenario empiezan a aparecer otros nombres. Patricio Hogan, Tomás Besteiro y Paulo Tilaro son algunas de las figuras que forman parte de las conversaciones políticas locales. No hablamos todavía de candidaturas confirmadas, sino de dirigentes y espacios que podrían tener un papel en la discusión que viene.
El caso de Pablo Tilaro merece una consideración particular. Su espacio vecinal, Es Ahora General Alvarado, obtuvo alrededor de 2.200 votos en las elecciones de 2025 y quedó cerca de conseguir una banca. Ese resultado no lo convierte automáticamente en árbitro de ninguna negociación, pero sí representa un capital político que sería un error ignorar.
¿Qué hará Tilaro con esos votos? ¿Intentará consolidar y ampliar su fuerza vecinal, construyendo una alternativa propia? ¿Buscará acuerdos con otros sectores? ¿O esperará el momento oportuno para negociar desde una posición que le permita tener mayor protagonismo?
También existe otra posibilidad: utilizar ese respaldo como punto de partida para construir un espacio que crezca elección tras elección, sin depender necesariamente de los acuerdos que puedan cerrar otras fuerzas..
Son preguntas abiertas. Lo concreto es que un espacio que logró reunir ese respaldo tiene razones para pensar en su futuro y no necesariamente limitarse a ocupar un lugar secundario en una estructura ajena.
La política local necesita algo más que nombres que circulan, conversaciones reservadas y especulaciones sobre quién acompañará a quién. Necesita ideas, proyectos y una discusión pública sobre el distrito que queremos construir.
Una temporada que también espera respuestas
Mientras los sectores políticos acomodan sus piezas, General Alvarado tiene otros desafíos que no esperan: una temporada turística rodeada de incertidumbre, una economía que condiciona el consumo y comerciantes y prestadores que necesitan señales concretas para prepararse.
El invierno no ayudó, el clima tampoco y el último fin de semana largo de octubre dejó, según las primeras impresiones, un movimiento flojo. Habrá que mirar los números, escuchar a quienes trabajan en el sector y evaluar qué expectativas existen para los próximos meses.
La temporada no se construye solamente con declaraciones optimistas. Se construye con planificación, servicios, promoción, infraestructura y capacidad de respuesta.
La incertidumbre económica nacional, las dificultades de consumo y los costos que afrontan las familias también repercuten en las decisiones de quienes podrían elegir Miramar para sus vacaciones. Por eso, la discusión turística no puede quedar reducida a una expectativa de que el clima acompañe o de que el movimiento aparezca por sí solo.
Se necesita información, coordinación y una mirada realista sobre las condiciones en las que llega el distrito a los meses de mayor actividad.
Al final, todo vuelve a la misma pregunta: ¿por dónde está pasando la política y por dónde está pasando la vida de la gente?
Mientras se discuten candidaturas, internas y espacios de poder, hay familias que tendrán que afrontar facturas más altas, pacientes que pueden encontrar menos medicamentos disponibles y sectores que necesitan que el Estado no se retire justamente cuando más lo necesitan.
Discutir políticas no significa atacar personas. Las trayectorias importan, pero las ideas y las decisiones son las que terminan dejando huella.
Quizás el desafío de este tiempo sea recuperar esa diferencia. Entender que la política no puede convertirse en un fin en sí mismo, que gobernar no consiste solamente en administrar una estructura y que construir una alternativa tampoco se reduce a esperar el desgaste del adversario.
La sociedad necesita razones para volver a creer. Y esas razones no van a aparecer por generación espontánea ni se van a resolver en una mesa de negociación.
Van a surgir cuando la dirigencia vuelva a mirar hacia afuera, escuche lo que sucede en la calle y sea capaz de ofrecer un rumbo.
Porque mientras la política sigue mirándose el ombligo, la gente sigue esperando respuestas.




