La artista Natalia González inaugura su muestra “Lazos” en el Círculo Italiano Joven Italia, una propuesta íntima que entrelaza recuerdos familiares, objetos heredados y emociones convertidas en obra. La exposición puede visitarse hasta el 21 de marzo.
Con una trayectoria que abarca nuestra ciudad, distintas localidades de la zona y varias provincias del país, González comparte nuevamente su universo creativo. Formada en la Escuela de Artes Martín Malharro, ha desarrollado un trabajo constante y comprometido. Sus murales, muchos de ellos realizados junto a Natalia Beresiarte, forman parte del paisaje cultural de numerosas comunidades.

“Lazos” surge de la memoria y de la necesidad de detener el tiempo. Tras el fallecimiento de su abuela, la artista recibió los cajones que habían quedado intactos en su habitación. Allí encontró pequeños tesoros: botones, piezas de rompecabezas, hebillas, pulseras, negativos, cintas, fotos y dibujos de su infancia. Muchos de estos objetos hoy se integran a las obras, convirtiéndose en puertas hacia el pasado y testigos de cómo el amor deja huella.
En el texto que acompaña la muestra, Natalia explica:
“Lazos nace del deseo de detener el tiempo, de conservar aquello que nos sostuvo y dio forma a nuestra manera de enlazarnos. La serie se construye a partir de escenas cotidianas familiares y recuerdos que habitan en la calidez de la memoria. La casa de mi abuela aparece como territorio simbólico, un espacio donde cada cosa tenía su lugar y donde gestos mínimos —guardar un botón, una cinta, un dibujo— eran formas silenciosas de preservar el amor.
Encontré en sus cajones pequeños tesoros que decidí conservar y transformar en obras que abren puertas sensoriales hacia el pasado. Lazos habla de continuidad, de una cadena afectiva que atraviesa generaciones y de cómo los gestos de cariño se transmiten, se expanden y conectan todo. Detener el tiempo quizá no sea posible, pero sí lo es honrarlo y hacer de la memoria un acto de belleza.”
“Lazos” es más que una exposición; es un recorrido por los vínculos, la herencia emocional y la permanencia de los afectos. Una invitación a detenerse, mirar y reconocer cómo el amor se contiene en los detalles más pequeños de nuestra vida.



