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Cuento corto: “Bajo la lluvia del recuerdo”


Cuento corto: “Bajo la lluvia del recuerdo”

Por Pablo Menéndez.- Esa tarde, Guillermo caminaba por esas calles que conocía de memoria. Avanzaba despacio, como si cada paso tuviera algo que decirle. Los árboles comenzaban a dejar caer sus hojas amarillas, anunciando que el otoño estaba a la vuelta de la esquina. El aire tenía ese perfume inconfundible del pasto recién cortado, un olor que a veces despierta recuerdos dormidos.

Fue entonces cuando su memoria lo llevó de regreso a aquel marzo lejano, cuando apenas tenía dieciocho años y la vida parecía abrirse como un camino infinito. Su imaginación volvió a ese momento con la claridad de quien mira una fotografía antigua.

En su mente comenzó a sonar una frase de Naranjo en flor: “Después, ¿qué importa del después?
Toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado”.

Y comprendió, una vez más, que algo de eso le había ocurrido. Su vida, en algún punto, se había quedado detenida allí, en ese amor que el tiempo se llevó pero que nunca terminó de irse del todo. Un amor que dejó una marca profunda, silenciosa, en su interior.

Ahora Guillermo peina canas. A veces se le escapa una sonrisa al recordar aquella juventud, tan llena de promesas y de vértigo. Pero la sonrisa dura poco. Después vuelve esa melancolía tranquila que se instala como una vieja compañera.

Siente que la luz de su vida se ha ido apagando lentamente. Apenas queda una claridad tenue dentro de él, una chispa que todavía resiste. Y sin embargo, cada tanto se aferra a esos amores que lo marcaron. No para sufrirlos, sino para recordarse a sí mismo que alguna vez amó de verdad. Y que haber amado es, en el fondo, una forma de haber vivido.

De pronto percibe el olor a tierra mojada. Las primeras gotas comienzan a caer. Levanta la vista y el cielo le anuncia que la tormenta está cerca. Sabe que debería apurar el paso, buscar refugio.

Pero no lo hace.

Prefiere quedarse allí, caminando bajo la lluvia que empieza a caer con más fuerza. Siempre le gustó la lluvia. Tiene algo de refugio secreto.

Porque cuando llueve, nadie nota que también se le caen las lágrimas.

Lágrimas por ese amor lejano que, a pesar de los años, todavía lo tiene atrapado en algún rincón del alma.

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