Lo que debía ser una jornada de deporte y recreación terminó en un episodio de extrema violencia que conmociona al fútbol infantil de nuestro distrito.
Tras los encuentros disputados en la Villa Deportiva de Atlético Miramar, el micro que trasladaba a las divisiones formativas del Club Juventud Unida de Otamendi (CAJU) fue emboscado y atacado a piedrazos por un grupo de tres o cuatro adolescentes. Según se informó, los agresores ya están identificados y no pertenecen a ninguna institución futbolística.
Como consecuencia del ataque, tres menores resultaron heridos. El caso más grave es el de Gael, un niño de apenas 6 años, quien sufrió la incrustación de esquirlas de vidrio en uno de sus ojos tras la rotura de una ventanilla.
El pequeño fue trasladado de urgencia al Hospital Materno Infantil de Mar del Plata, donde durante la mañana fue sometido a una intervención quirúrgica para retirar los restos de vidrio. Si bien la cirugía fue exitosa, su pronóstico es reservado y se aguarda su evolución al despertar para evaluar posibles secuelas en la visión.
Testigos señalaron que el ataque habría sido premeditado y ocurrió en las inmediaciones del predio. En ese contexto, crece la indignación por la falta de medidas preventivas, ya que —según denunciaron desde el club— se habían registrado hechos similares en fechas anteriores sin que se reforzara la seguridad ni se dispusiera presencia policial.
Desde Juventud Unida expresaron su profunda preocupación y malestar:
“¿Cómo nos cuidaron? Seguimos dejando que la pelota ruede a costa de cualquier cosa. ¡Son criaturas!”, manifestaron, confirmando además que ya se radicó la denuncia penal correspondiente.
En medio de la conmoción, la Liga de Fútbol de General Alvarado anunció la suspensión de los partidos programados para este domingo 12 en Divisiones Mayores. A través de un comunicado oficial, la entidad aseguró que trabajará junto a las autoridades para reforzar la seguridad y evitar que hechos como este vuelvan a repetirse.
Mientras tanto, toda la comunidad deportiva regional permanece en vilo, acompañando a la familia de Gael y esperando su pronta recuperación tras un hecho que vuelve a poner en discusión la violencia y la falta de control en el fútbol formativo.




