La incertidumbre en torno a la reanudación de los torneos mayores “Francisco ‘Pancho’ Molina” comienza a generar un marcado malestar en el ámbito del fútbol de General Alvarado. Según información a la que accedió este medio, dirigentes y cuerpos técnicos de distintos clubes expresan su preocupación ante la falta de definiciones claras por parte de APREVIDE, lo que sigue postergando el regreso de la competencia.
Fuera de toda discusión queda el grave hecho de violencia sufrido por el club Juventud Unida, donde resultó herido el niño Jael. Ese episodio, que generó un fuerte repudio en toda la comunidad, marca un límite indiscutible: los violentos no pueden tener lugar ni en el fútbol ni en la sociedad. La necesidad de garantizar la seguridad es un punto en el que todos los actores coinciden.
Sin embargo, el foco ahora se traslada a otro interrogante: ¿qué está sucediendo realmente con APREVIDE? Según pudo saber El Recado, tras haber cumplido con una serie de requisitos iniciales en materia de seguridad, la Liga elevó la documentación correspondiente al organismo provincial. No obstante, la respuesta habría incorporado nuevas exigencias, “corriendo el arco” —como señalan desde el ambiente futbolero— con pedidos adicionales como la implementación de protocolos más complejos, capacitaciones específicas y medidas vinculadas a primeros auxilios, entre otras.
Este cambio en las condiciones genera desconcierto y alimenta sospechas en algunos sectores, que comienzan a preguntarse si hay algo más detrás de estas idas y vueltas. “Se avanza, pero siempre aparece algo nuevo”, es una de las frases que se repite en voz baja entre dirigentes.
Mientras tanto, el fútbol local ya lleva cerca de un mes de inactividad. La falta de competencia impacta directamente en los planteles, que continúan entrenando pero empiezan a sentir el desgaste anímico. La incertidumbre, aseguran, se traduce en desgano.
En este contexto, crece la sensación de que el próximo fin de semana tampoco habrá actividad, ya que los tiempos no alcanzarían para cumplir con los nuevos requerimientos.
Así, el escenario plantea dos cuestiones claras: por un lado, la necesidad urgente e innegociable de erradicar la violencia; por otro, la importancia de establecer reglas precisas y definitivas que permitan a los clubes cumplir con lo exigido y devolver el fútbol a las canchas.
Por ahora, la pelota sigue sin rodar, y las respuestas, lejos de acercarse, parecen alejarse cada vez más.




