Por Pablo Menéndez.- Cada 7 de junio representa mucho más que una fecha en el calendario para quienes hacemos periodismo. Es una jornada que invita a celebrar una profesión apasionante, pero también a reflexionar sobre el tiempo que nos toca vivir y el papel que ocupamos dentro de nuestra comunidad.
Hace un año escribía sobre la necesidad de recuperar el valor de la palabra, del respeto y del diálogo. Doce meses después, aquella reflexión no solo mantiene vigencia, sino que parece haber cobrado aún más fuerza.
Vivimos en una época donde el ruido muchas veces se impone sobre la conversación. Las redes sociales, que nacieron como espacios para conectar personas e intercambiar ideas, se han transformado en demasiadas ocasiones en escenarios de confrontación permanente. La agresión, la descalificación y las etiquetas rápidas parecen ocupar un lugar cada vez más importante en el debate público.
Y el periodismo no está al margen de esa realidad.
Por eso, el Día del Periodista también debería ser una oportunidad para mirarnos hacia adentro. Para preguntarnos qué estamos haciendo con nuestra profesión. Para analizar cómo comunicamos, cómo informamos y qué aportamos cada día a la sociedad de la que formamos parte.
Las palabras tienen peso. Construyen puentes o levantan muros. Acercan o alejan. Ayudan a comprender o profundizan diferencias. Quienes trabajamos con ellas tenemos la responsabilidad de utilizarlas con cuidado, entendiendo que detrás de cada noticia, de cada opinión y de cada publicación hay personas, historias y realidades que merecen ser tratadas con respeto.
El periodismo sigue teniendo una virtud extraordinaria: el contacto cotidiano con la gente. Escuchar, recorrer, preguntar, aprender y contar lo que ocurre en nuestra comunidad. No todas las profesiones tienen ese privilegio. Esa cercanía con la realidad es una de las mayores riquezas de este oficio.
Pero justamente por eso debemos asumir el desafío de escuchar más y juzgar menos. De comprender antes de responder. De sostener el pensamiento crítico sin caer en la agresión. De defender nuestras convicciones sin deshumanizar a quienes piensan distinto.
En tiempos de ruido, quizás la verdadera tarea del periodismo sea ayudar a recuperar algo tan simple como valioso: la conversación.
Por eso, en este 7 de junio, mi saludo es para todos los colegas. Para quienes trabajan en medios grandes y pequeños. Para quienes recorren calles, instituciones y barrios buscando historias para contar. Para quienes investigan, preguntan y ponen el cuerpo todos los días. Para quienes entienden que informar es un servicio y que comunicar implica una responsabilidad.
Feliz Día del Periodista.
Que nunca perdamos la capacidad de escuchar, de reflexionar y de ejercer este oficio con respeto, compromiso y vocación de servicio.




