Hay relaciones que no necesitan un nombre. No son novios. No son pareja. No hay promesas ni explicaciones. Y, sin embargo, hay una certeza difícil de explicar: pase lo que pase, hagas lo que hagas, te muevas para donde te muevas, esa persona está ahí.
No para invadirte. No para marcarte los tiempos. No para pedirte más de lo que podés dar. Está.
Y sabés que va a respetar tus silencios, tus tiempos, tus necesidades. Que va a cuidarte cuando lo necesites, y que vos también vas a querer cuidarla.
Quizás sea difícil de entender para los demás. Tal vez ni siquiera haga falta entenderlo. Porque hay algo que sí se entiende cuando se siente.
Paz.
Y quizás eso sea lo más parecido a una certeza: saber que, aunque la vida se mueva, aunque cada uno siga su camino, hay alguien que permanece.
Alguien que no necesita estar todo el tiempo para estar. Alguien que simplemente está. Y alcanza.
La certeza de saber que estás.




