Tras la histórica victoria sobre Inglaterra y la clasificación a la final del Mundial, los futbolistas argentinos desafiaron la restricción que impedía el ingreso de banderas con referencias a las Islas Malvinas. En pleno festejo, desplegaron un mensaje de fuerte contenido simbólico: “Las Malvinas son argentinas”.
El seleccionado argentino no solo dio una muestra de carácter deportivo al revertir un resultado adverso frente a Inglaterra para meterse en la final del Mundial, sino que también dejó una imagen cargada de simbolismo político y nacional. En medio de los festejos sobre el césped, los jugadores desplegaron una bandera con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”, un gesto que rápidamente recorrió el mundo.
La escena adquirió aún mayor relevancia porque, en la previa del encuentro, se había dispuesto que los hinchas argentinos no pudieran ingresar al estadio con banderas, camisetas o cualquier elemento alusivo a la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas.
Según trascendió, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteloliva, participó de reuniones con representantes de la FIFA, el FBI y las fuerzas de seguridad de Estados Unidos e Inglaterra para coordinar el operativo del partido. Como parte de ese acuerdo, se estableció que no se permitiría el ingreso de símbolos vinculados al reclamo argentino sobre las islas.
Sin embargo, una vez consumada la victoria, fueron los propios futbolistas quienes colocaron el tema en el centro de la escena. Giovanni Lo Celso fue quien primero desplegó la bandera, que luego fue sostenida y agitada por todo el plantel frente a la tribuna donde se concentraba la mayor cantidad de simpatizantes argentinos.
La imagen tuvo un fuerte impacto por producirse inmediatamente después de un triunfo ante Inglaterra, rival que inevitablemente remite a la guerra de 1982 y a un reclamo de soberanía que continúa siendo una política de Estado para la Argentina.
Mientras en las tribunas la convivencia entre argentinos e ingleses transcurrió sin incidentes, los cánticos tradicionales como “Un minuto de silencio…” y “El que no salta es un inglés” acompañaron el cierre de una noche inolvidable para la Albiceleste.
Con el pase a la final asegurado y la ilusión del bicampeonato intacta, la Selección también dejó una postal que trasciende lo deportivo y reaviva un sentimiento profundamente arraigado en la identidad nacional.




