Por Pablo Menéndez.- El peronismo mostró sus diferencias, la oposición comienza a mover sus fichas para 2027 y el debate por los salarios municipales dejó interrogantes sobre las cuentas públicas. Mientras tanto, los comerciantes reflejan otra cara de la realidad económica.
La política de General Alvarado empieza a mostrar señales de un escenario que tendrá en 2027 una fecha clave. Los movimientos partidarios, los posibles candidatos y las decisiones de gestión comienzan a cruzarse en una discusión que excede los armados electorales: qué proyecto de distrito se quiere construir y cómo se responderá a las necesidades de la comunidad.
Tres actos y una unidad que no llega
El 17 de Octubre dejó una imagen difícil de disimular: tres actos y distintas expresiones del peronismo local, pese a que la palabra unidad estuvo presente en las convocatorias.
El Consejo del Partido Justicialista se reunió en el local Leopoldo Marechal, con la presencia de Patricio Hogan y el diputado provincial Germán Di Cesare. En el espacio del MDF hubo otra convocatoria, más centrada en el contacto con la militancia, mientras que en el local de Paulo Tilaro se inauguró el espacio partidario.
La fragmentación que se observa en General Alvarado también tiene su correlato en la provincia y a nivel nacional. Las diferencias internas y las disputas por los liderazgos parecen imponerse sobre la posibilidad de construir una propuesta común.
A veces, la propia maquinaria política termina encerrando a los dirigentes en sus espacios. Si cada sector empieza por marcar lo que lo separa del otro, la unidad queda reducida a una consigna.
La pregunta es por qué cuesta tanto sentarse a una mesa, identificar los puntos de acuerdo y discutir las diferencias sin convertirlas en un obstáculo permanente.
Ianantuony y los movimientos rumbo a 2027
En el acto del Consejo del PJ llamó la atención la ausencia del intendente Sebastián Ianantuony. Si bien había participado de una actividad durante la mañana, no estuvo presente por la tarde. Tampoco asistieron figuras centrales del Gobierno municipal, entre ellas el secretario general y de Gobierno, Natanael López.
Sin atribuir intenciones que no fueron expresadas públicamente, la ausencia conjunta constituye un dato político que merece atención.
La normativa electoral vigente limita la posibilidad de una nueva reelección consecutiva del intendente en 2027. En ese contexto, queda abierto el interrogante sobre el lugar que buscará ocupar Ianantuony una vez finalizada su gestión.
Por su parte, Patricio Hogan comienza a aparecer como una posible referencia del Frente Renovador para la próxima disputa por la intendencia. Todavía falta mucho camino, pero los movimientos ya están sobre la mesa.
La oposición también empieza a mostrar sus cartas
En la UCR, el concejal Germán Barrios expresó en el programa Francamente Juntos, por Radio Mágica, su deseo de que Enrique Honores sea el candidato a intendente de su espacio en 2027.
Barrios también se refirió al pedido de un préstamo al Banco Provincia y sostuvo: “No hay que ser miserable y tomar de rehén a los agentes municipales”.
Las declaraciones suman nombres y posiciones a una discusión que recién comienza. En paralelo, los movimientos de La Libertad Avanza y sus contactos con otros sectores abren interrogantes sobre cómo se definirán las candidaturas y cuánto pesarán las decisiones locales frente a los acuerdos provinciales y nacionales.
En una charla con este cronista, la concejal Viviana Farías planteó una definición que merece destacarse: los candidatos deberían elegirse mediante el voto y no por la lapicera.
Es una discusión que atraviesa a todos los partidos. Los acuerdos entre dirigentes pueden ordenar una lista, pero también dejar disconformes en el camino. Las reglas claras y la participación interna permiten medir la representatividad y obligan a aceptar los resultados.
La política necesita menos crispación y más ideas. Las trayectorias, las alianzas y los cambios de espacio forman parte de la vida pública y pueden discutirse sin convertir cada diferencia en un conflicto personal.
Los salarios municipales: un acuerdo para salir de la urgencia
La discusión más inmediata tuvo lugar en el Concejo Deliberante. Después de negociaciones y un cuarto intermedio, finalmente se aprobó por unanimidad el adelanto transitorio de fondos para garantizar el pago de los salarios municipales.
El acuerdo estableció que se abonará la totalidad de los sueldos de los empleados municipales, mientras que el pago correspondiente a la planta política se realizará de manera desdoblada.
La decisión llevó tranquilidad a los trabajadores y trabajadoras, especialmente ante la proximidad del Día del Empleado Municipal.
Sin embargo, la unanimidad no borró las diferencias que aparecieron durante el debate. Desde la oposición se planteó la necesidad de buscar alternativas para evitar que esta situación se repita, con propuestas vinculadas a la restricción de gastos, la revisión de la planta política y una posible reorganización de secretarías y direcciones.
El adelanto resuelve una urgencia, pero deja pendiente una discusión de fondo: cómo se administran los recursos municipales y qué medidas pueden garantizar mayor previsibilidad financiera.
El frente costero y los tiempos de la obra
Otro tema que generó preocupación fueron las licitaciones vinculadas con el frente costero y los baños públicos de Miramar.
Los plazos y el alcance de los trabajos despertaron inquietud entre concesionarios y otros actores relacionados con el turismo. Quienes conocemos la ciudad sabemos que una sudestada o varios días de lluvia pueden alterar cualquier cronograma, especialmente cuando se trabaja junto al mar.
Son factores que deben contemplarse desde la planificación. Si el tiempo disponible no alcanza para completar las obras previstas, habrá que explicar qué se ejecutará y qué quedará pendiente.
La premura no puede reemplazar a una planificación acorde con las características de nuestra costa. Las decisiones corresponden al Gobierno municipal y sus responsables deberán hacerse cargo de los resultados.
Del recinto al mostrador
En medio de los debates políticos y económicos, una charla con un comerciante de Miramar, que lleva más de veinte años al frente de su local, dejó una reflexión difícil de ignorar.
Al describir cómo cambió la demanda de uno de sus productos, me dijo: “Yo ahora vendo dos; antes vendía 50”.
También recordó que, con el sistema anterior, podía ir a buscar mercadería y encontrarse con que el precio había aumentado en el camino. Ahora cree que, dentro de dos o tres meses, encontrará el mismo valor.
No hace falta conocer qué producto vende para entender el contraste: por un lado, una mayor previsibilidad de precios, según su experiencia; por el otro, una caída pronunciada de las ventas.
Cuando este cronista le preguntó cuál de los dos sistemas prefería, respondió sin vueltas:
“Yo prefiero el otro sistema”.
La frase quedó resonando. No alcanza para explicar toda una economía, pero refleja la experiencia de alguien que lleva más de dos décadas trabajando en Miramar y compara lo que vendía antes con lo que vende hoy.
La política podrá discutir estadísticas, celebrar resultados o cuestionar modelos. Pero hay una medida que no debería perder de vista: lo que sucede del otro lado del mostrador.
Porque, al final, la economía también se mide en lo que la gente puede comprar y en lo que un comerciante logra vender. Y cuando de 50 se pasa a dos, hay una realidad que ningún discurso debería ignorar.




