logo el recado

.

Clima

El tiempo - Tutiempo.net

La evidencia llegó: las facturas ya no se pueden negar


La evidencia llegó: las facturas ya no se pueden negar

Hay momentos en los que una discusión política deja de ser una discusión política. Hay momentos en los que los discursos, las publicaciones en redes sociales, las explicaciones y las negaciones quedan de lado porque aparece algo mucho más contundente: la realidad.

Y la realidad llegó esta semana a los hogares y comercios de Miramar. Este portal lo advirtió.

Lo dijimos cuando todavía muchos preferían mirar para otro lado. Dijimos que cuando comenzaran a llegar las facturas con los nuevos costos de los servicios públicos, la dimensión del problema iba a ser contundente. Y lamentablemente, teníamos razón.

Uno muchas veces no quiere tener razón cuando lo que está en juego es el bolsillo de nuestros vecinos. Porque tener razón en estas circunstancias no es motivo de orgullo. No hay nada para festejar cuando una familia recibe una factura de electricidad que no sabe cómo va a pagar.

Pero hoy la discusión ya no puede esconderse detrás de una publicación partidaria, de una explicación técnica o de una descalificación.

Hoy hay facturas.

En las redes sociales comenzaron a aparecer imágenes de boletas de electricidad con montos que conmueven: $1.822.000, $1.220.000, $800.000, $450.000 y muchos otros valores que, hasta hace poco tiempo, parecían imposibles de imaginar para un hogar o un comercio de nuestra ciudad.

Y hoy vecinos de Miramar salieron a la calle.

La movilización frente a EDEA puso en escena una problemática que este medio venía señalando: qué sucede cuando el Estado se corre y deja que los costos de los servicios esenciales recaigan cada vez con mayor peso sobre los usuarios.

No estamos hablando de un lujo. Estamos hablando de electricidad. De un servicio indispensable para vivir, trabajar, producir y mantener abierto un comercio.

Y acá aparece una discusión que excede largamente a EDEA.

Las empresas distribuidoras son quienes finalmente emiten y cobran las facturas, pero detrás de esos números existe un esquema tarifario definido en el marco de decisiones nacionales, con actualizaciones de costos, quita o modificación de subsidios y distintos componentes que terminan llegando al usuario.

El propio Gobierno nacional ha ido modificando durante este año los esquemas de subsidios y bonificaciones para electricidad y gas. Para agosto de 2026, por ejemplo, estableció una bonificación extraordinaria del 16,59% sobre el consumo base de 300 kWh para determinados usuarios residenciales de electricidad.

Es decir: la discusión sobre cuánto paga la energía y cuánto termina pagando cada usuario no es una discusión menor ni exclusivamente empresarial. Es una decisión de política pública.

Y esa política pública hoy tiene consecuencias concretas. Las tiene en el hogar. Las tiene en el comercio. Las tiene en el trabajador. Las tiene en el jubilado. Las tiene en quien todos los meses mira el calendario esperando cobrar para poder pagar las cuentas.

Porque mientras se discuten porcentajes y modelos económicos, hay una realidad mucho más sencilla: el sueldo no se puede estirar indefinidamente. Y cuando una factura de luz pasa a representar una parte enorme de los ingresos de una familia, algo se rompe.

Cuando un comercio recibe una factura que pone en riesgo su funcionamiento, algo se rompe. Cuando el comerciante vende menos porque el vecino tiene que destinar cada vez más dinero a pagar servicios, algo se rompe.

Es un círculo. Y ese círculo puede terminar convirtiéndose en un verdadero castillo de naipes.

Por eso resulta difícil escuchar todavía algunas voces que durante meses aseguraron que los aumentos no iban a afectar a los trabajadores, a los jubilados o a los asalariados.

Desde este portal advertimos exactamente lo contrario. Advertimos que los aumentos iban a llegar a la vida cotidiana. Y también advertimos que no solamente había que mirar la electricidad.

También había que mirar el gas.

Porque si hoy estamos viendo facturas de electricidad que generan semejante preocupación, tenemos que prestar mucha atención a lo que pueda suceder con el servicio de gas cuando continúe la recomposición tarifaria y se reduzcan los mecanismos de protección.

Y ahí aparece nuevamente una discusión que General Alvarado no puede abandonar: la Zona Fría.

No podemos esperar a que las facturas lleguen para empezar a discutir. No podemos reaccionar cuando el problema ya está instalado en cada casa. Tenemos que anticiparnos.

Porque una sociedad responsable no debería esperar a que una familia reciba una factura imposible de pagar para preguntarse qué está pasando. Y acá aparece una palabra que durante mucho tiempo pareció incómoda para algunos: evidencia.

Hay una frase que resume perfectamente este momento: “¡Mirá! ¡Yo puedo negar todo! ¡Vos podés negar todo! ¡Todos podemos negar todo! Pero hay algo que no se puede negar: la evidencia.”

La evidencia es eso que está ahí. Lo que aparece delante de nuestros ojos. Lo que nos obliga a mirar.

Lo que ya no puede ser explicado simplemente como una operación política, una fake news, un bot o una campaña de alguien que quiere generar preocupación.

Porque una factura de $1.822.000 no es un bot. Una factura de $1.220.000 no es una fake news. Una factura de $450.000 no es una discusión ideológica.

Es una factura. Y alguien tiene que pagarla. Ese es el punto.

Podemos discutir durante horas sobre modelos económicos. Podemos discutir sobre el tamaño del Estado, sobre subsidios, sobre eficiencia, sobre empresas públicas o privadas.

Pero hay algo que no deberíamos perder nunca: la empatía.

Porque detrás de cada factura hay una persona. Hay una familia. Hay un comerciante. Hay trabajadores. Hay jubilados. Hay gente que todos los días hace enormes esfuerzos para llegar a fin de mes.

Y cuando una sociedad empieza a naturalizar que una familia pueda recibir una factura de electricidad de semejante magnitud, quizás el problema ya no sea solamente económico.

Quizás también tengamos que preguntarnos qué nos está pasando como sociedad. Qué estamos aceptando. Qué estamos naturalizando. Y, sobre todo, qué modelo de país queremos construir.

Porque gobernar no debería ser solamente aplicar una motosierra. Gobernar también debería ser mirar qué sucede cuando esa motosierra llega a la vida cotidiana de millones de personas.

Porque cortar, se puede cortar. La verdadera pregunta es: ¿qué queda después del corte?

Hoy, en Miramar, la respuesta empieza a verse en las facturas. La evidencia llegó. Está en los mails. Está en los comercios. Está en las casas. Está en las redes. Y hoy también estuvo en la calle, con los vecinos movilizados frente a EDEA.

Este portal lo advirtió. No porque queríamos tener razón. Sino porque queríamos evitar llegar hasta acá. Lamentablemente, la realidad terminó dándonos la razón.

Y ahora ya no alcanza con negar. Ahora hay que mirar la evidencia y hacerse cargo.

Reseñas

  • Total Score 0%
User rating: 0.00% ( 0
votes )



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *